Archivo de julio, 2008

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¡Verídico!

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¡Sigh!

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Trocitos de vida inventados

¿Se han fijado, oh ilustres lectores, que vivimos nuestro día a día en un teatro?

Algo ha explotado esta mañana dentro de mi cabeza (literalmente) durante mi jornada laboral. Después del intenso dolor, una sensación de mareo y ganas de vomitar, que ha pasado a un mareíllo leve sin malestar. Eso sí, tenía ganas de llorar como una niña de 5 años.

El médico me ha dicho que, de ser una chica, me hubiera diagnosticado que me estaba bajando la regla.

Bueno, aguanté en el trabajo como un campeón. Me temblaba el pulso y caminaba con el sentido del equilibrio mal calibrado (tu-tunn-chass!!), así que al salir, me he pasado por el centro de salud que tengo enfrente de casa, dispuesto a aguantar un poquito de burocracia. No tengo aún la tarjeta sanitaria de Madrid. Bueno, ni la de Sevilla. Y miren que la pedí veces, pero nunca llegó.

Tras una breve cola, me atiende una despeinada señora madurita, y le cuento mi caso:

-Huola, mire… llevo poco tiempo en Madrid y aún no tengo la tarjeta sanit…
-¿Es desplazado?
-Em… what?
-(Pone cara de ¬¬) ¿Dónde está usted dado de alta?
-En Sevilla, pero nunca me llegó la tarjeta. La pedí varias veces.
-¡¡Paquiiiiii!! (¡DIOS, OTRA PAQUI NOO!) Que mira que este chico no tiene tarjeta y viene de Sevilla. ¿Le pongo desplazao?
-(Paqui le dice “Naaah, dale un alta nueva y yastá”) Vale, pues necesito que vaya usted a la tesorería de la Seguridad Social para que le den la hoja del número de afiliación y blablablablablablabla. Tenga, esta es la dirección.
-Casualmente tengo aquí mi número de afiliac…
-Nononoonoonononooooooooooo, NO. Tiene que ir a por el impreso oficial que le…
-YA-TENGO-AQUÍ-LA-TARJETA-QUE-VIENE-CON-EL-IMPRESO-OFICIAL-SEÑORA.
-¡¡PAAAAQUIIIII!! ¡Que mira, que tiene esto! Esto vale ¿no?
-(Paqui asiente con la cabeza desde el fondo de la estancia).

Después de los 25 minutos que la buena señora se ha tirado rellenando mis datos en el ordenador, se pone blanca y dice “¡Huy, ¿qué he hecho?!”. Se levanta y se mete en un recoveco desde donde no la veía nadie. Se empieza a escuchar conversaciones de tipo “Creo que lo he borrao tó y no quiero empezar otra vez… ¿estará en el apartado de solicitudes? Es que hago la consulta y no sale… Nono, hasta pasadas 24 horas no sale… Pero es que no sale… QUE YA, que tienen que pasar 24 horas…”. Yo miro hacia atrás, a la cola que tenía detrás de mi (no sean malpensados) y una chica rubia me dice:

-¡Es una gilipollas!
-¡HALA!
-No, es que me hizo lo mismo el otro dia. Si no tiene ni puta idea, que no trabaje ahí.
-Mujer, la burocracia… es lo que tiene.
-Que lleváis 30 minutos y todavía le quedan otros 30, ya verás…

Alzo la vista y veo un cartelón que lleva por título en letras grandes y suntuosas: A NADIE LE GUSTA ESPERAR. Miro a la rubia con cara de >: ) y señalo el cartel. Se parte el ojete y reaparece la señora presuntamente incompetente.

-¿Ves? Lo que yo decía. ¡Que no sale!
-¿Pero estoy?
-Estás.
-¿Entonces me das mi tarjeta y ME VOY?
-Espera, hombre.
-Si no es por mi, es que la van a matar a usted los que vienen detrás.
-Que se esperen, coño.
-Mpfvale.
-¿Quería cita para hoy?
-Pues si, pero si no se puede, para otro dia.

Irrumpe Paqui y me dice muy sonriente:

-Naaah, tranquilo, que se puede.
-¿Ou?
-Que si, ¿quieres médico por la mañana o por la tarde?
-Eeeeem… por la tarde (me gusta mucho dormir).
-¿Chico o chica?
- O_ô Me da igual.
-Pos chico.
-Pos vale.
-Pos hala, ya tienes cita pa esta tarde.

En fin… la sala de espera.

Cómo las odio.

Aquí viene a cuento el título de hoy. Trocitos de vida inventados. Cómo actúa todo el mundo en una sala de espera ¿eh? ¿Por qué demonios soy el único al que le importa tres carajos qué numero o qué hora les han dado al resto de pacientes que se encuentran en la sala? ¿Por qué cada persona que llega hace las mismas preguntas?

-¿Han empezado a llamar ya?
-¿Por qué número va?
-¿A qué hora tiene usté?

 

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Los mataba a todos.

O si no, cuando llega una señora que sube las escaleras como una campeona olímpica de la categoría de subir escaleras, si existiese, y cuando llega a la puerta del médico al que se quiere COLAR, pone cara de enferma terminal, empieza a temblarle el pulso y a decir “aay… si solo quiero que me firme estos papelees… ¿no te importaa?”. Menos mal que no me lo ha preguntado a mi, que si no… Es la típica señora que se te cuela en la pescadería, pero sin disimular. De esas que dicen “anda, niño… que tu eres mu joven y puedes esperar, yo no”, te pegan un codazo y se cuelan en tu cara.

Pasa lo mismo en el metro o en el bus. Persona que llega a sprint porque se están cerrando las puertas, y pega un salto ladeado cual Trinity en el principio de Matrix, logra entrar y también pone cara de enfermo terminal cuando se da cuenta de que no queda ningún asiento vacío. Prefiero mil veces que venga alguien a pedirme amablemente el asiento, que a ver la cara de la falsedad de ese tipo de gente. Vamos, que no me levanto porque no me sale de los cojones. Ea.

O en el curro. Tengo un compañero en especial que supera en cantidad y calidad cualquier anécdota que tengas. Por cada anécdota tuya, él tiene diez mil y todas mejores. O si no, otro compañero, que va disfrazado de matón, tiene actitud de matón, cuenta historias de matón, y luego es un cacho de pan.

Y luego estoy yo.

Según me han dicho, tengo mi coraza de apariencia tan bien puesta, que todos ustedes me ven “guay”. Que soy la leche. Que soy todo carisma. Y que por dentro estoy tan hecho mierda y tan triste que no me conozco ni yo. Da que pensar. O no. En fin…

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The Emo Wolf is EMO. Los comentarios le animarán a no cortarse las venas.

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Digno de WarDog

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Clic para ampliar. Solo para gente que tenga un pelín más de conocimientos de informática que mi directora de departamento.

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Como el Titanic

Llevarse tanto tiempo sin actualizar es lo que tiene: que en el momento de ponerte a hacerlo tienes que decidir sobre qué tema hay que centrarse más y mejor.

En un primer momento, pensé actualizar con un título como “Amistad a 100€ ¡REBAJAS! Ahora 60€”, pero implicaba dejar por los suelos a un par de personas, especialmente una, de la que sigo creyendo (y queriendo creer) que actuó sin ninguna maldad y que las cosas se fueron un poco de madre. Sé que es jodido tirar la piedra y esconder la mano (por aquello de no explicároslo), pero mejor así.

Después de descartar aquella opción, la siguiente era hablar (sin título definido aún) sobre unos hechos ciertamente lamentables que me ocurrieron hace unos días. Pero contando con que este pequeño blog es leído por un par de cabrones que desean poco menos que mi muerte, y algunos de mis familiares más queridos, terminé pensando (con una pequeña ayudita de Seo) que mejor no airear ciertas historias que harían mella en mi reputación, si es que tengo de eso. No os preocupéis, nada especialmente grave, tampoco.

Así que hablaré del curro. Poniendo como ejemplo mi curro actual, pero generalizando sobre una situación aparentemente tan extendida y normalizada, que asusta.

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Todos nos quejamos de lo nuestro, eso es evidente. Pero hay un colectivo especialmente maltratado en el entorno empresarial, y es el de los informáticos. En mi empresa, y en otras que he visto, están los mimadísimos departamentos de marketing, los de facturación, los de tal, los de paskwal… Y luego estamos los informáticos. Los tiradetes que están ahí “pa cuando no nos imprime el wor o no nos va el winsuí”.

Siempre he estado contento en mi último curro. Es el sueldo más alto que he tenido hasta ahora, hago cosas que me gustan, y aprendo cosas nuevas casi a diario. Los compañeros, menos el que echamos se fue, son la mar de competentes y se puede mantener con ellos un alto nivel de cachondeo, que es lo que, básicamente, nos desestresa.

De un tiempo a esta parte (coletillas power!), a quien corresponda en mi empresa se le ha ido la pinza. Se niegan a invertir en tecnología (que es en lo que se basa mi empresa, básicamente, en la tecnología); se niegan a ofrecer contratos dignos (fui el último que entró y que tiene algo medio qué); han erradicado las posibilidades de promocionar, y para terminar, cuando alguien se deja “querer” por otra empresa, hacen las jugosas contraofertas de subir el sueldo la nada despreciable cantidad de CERO EUROS. Básicamente: “¿te vas? pos adiós”.

Y no tendría mucha mayor trascendencia si se hiciera lo lógico: contratar a otra persona. Pero no. Se deja su sitio vacío durante meses, esperando a que Marketing contrate a un chavalito nuevo, muy alto, muy guapo y con unos ojos muy azules para que a las niñas del departamento se les haga el c*** agüilla, para que llegue la directora de Botijos y nos diga muy amablemente (en contra de lo que nos tiene acostumbrados) “Oish, perdona, ¿por qué no te cambias de mesa y dejas esta libre? Es que se incorpora una persona nueva y no hay sitio”. Yo contesto “¬¬ se supone que este sitio es para el nuevo de Sistemas que tiene que venir”. A lo que ella contesta “Hombre, si es temporal, osea, no es pasiempre” y de fondo escucho a Nelson con su característico “HA HA!”.

Creo que ya os hablé del compañero de Soporte que quiso pasar a Sistemas y no le dejaron. Bueno, le dejaron, pero cobrando lo mismo que cobraba en Soporte, bastante menos que lo que se cobra(¿ba?) en Sistemas. Y claro, con otra oferta de trabajo en la mano, dijo aquello de “Efectivamennnnnnnnte y NO”. Y se piró. Y uno menos.

Ahora, quedamos tres en Sistemas. Seis o siete en Comunicaciones/Voz, y en Desarrollo deben ser como “casi 300″. En Desarrollo hubo movida hace poco, y uno de los desarrollistas más antiguo ha sido víctima de un mobbing brutal por parte del jefe de su departamento, con erótico resultado un flagrante despido como último estadio del conflicto. Espero desde lo más profundo de mi inexistente alma (los informáticos la vendemos para encontrar un curro de más de mil euros) que le meta tal puro a la empresa que los directivos tengan que llevarse la moqueta a su casa para arroparse.

Y decía que en Sistemas estamos tres. Tres personas, manteniendo una lamentable granja de servidores (se llama así en términos técnicos) de dos centros en Madrid, dos en Vigo, uno en Gijón, dos en Chile y otro en Bogotá. Y cuando digo “servidores”, digo [correo | ficheros | backups | tarificaciones | grabaciones | faxeos | mailings | controladores de dominio | centralitas de telefonía | y un infinito ETC]. Elevad eso a la enésima potencia y esparcidlo por el mundo como si fueran las bolas del dragón. Y os aseguro que absolutamente nada de todo eso funciona con normalidad.

Y somos tres personas.

Y a la vez que llevamos todos esos servidores, con los problemas que dan (¿os dije que hasta hace poco el controlador de dominio principal de la empresa era un Pentium III con 256 Mb de RAM y también era servidor de ficheros, de DNS y DHCP?), llevamos p’alante un total de 11 proyectos y subiendo. Tres personas. Tres.

¡AH, NO!

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Me acaba de llamar un compañero. Le han hecho una oferta en otra empresa. Seis mil euros más. Obviamente se va, porque la contraoferta ha sido nuevamente tan jugosa (/irony) como para ni siquiera pensárselo. El “pos vale” que os decía antes. Y es un tío de los que controla, de los que resuelven. De los tres que estamos, probablemente el más técnico y el más máquina en cuanto a servidores.

Así que cuando vuelva de mis minivacaciones, me encontraré con que somos DOS personas en Sistemas. Bueno, no, UNA persona. Porque cuando yo vuelva, el último compañero que queda se va de vacaciones.

Así que nada… estoy en un trabajo sin posibilidades de mejoras laborales ni económicas, en el que se tiende a NADA y donde se facturaron el pasado año 70M€. ¿Me voy a estresar? No. A ver si cuando todo reviente se dan cuenta de lo que están haciendo. Me consta que hay ofertas de trabajo publicadas, pero quieren perfil de experto por lo que cuesta un kilo de berenjenas en la feria de mi pueblo. Ntch.

Que nos hundimos.

Como el Titanic.

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