Trocitos de vida inventados

Julio21

¿Se han fijado, oh ilustres lectores, que vivimos nuestro día a día en un teatro?

Algo ha explotado esta mañana dentro de mi cabeza (literalmente) durante mi jornada laboral. Después del intenso dolor, una sensación de mareo y ganas de vomitar, que ha pasado a un mareíllo leve sin malestar. Eso sí, tenía ganas de llorar como una niña de 5 años.

El médico me ha dicho que, de ser una chica, me hubiera diagnosticado que me estaba bajando la regla.

Bueno, aguanté en el trabajo como un campeón. Me temblaba el pulso y caminaba con el sentido del equilibrio mal calibrado (tu-tunn-chass!!), así que al salir, me he pasado por el centro de salud que tengo enfrente de casa, dispuesto a aguantar un poquito de burocracia. No tengo aún la tarjeta sanitaria de Madrid. Bueno, ni la de Sevilla. Y miren que la pedí veces, pero nunca llegó.

Tras una breve cola, me atiende una despeinada señora madurita, y le cuento mi caso:

-Huola, mire… llevo poco tiempo en Madrid y aún no tengo la tarjeta sanit…
-¿Es desplazado?
-Em… what?
-(Pone cara de ¬¬) ¿Dónde está usted dado de alta?
-En Sevilla, pero nunca me llegó la tarjeta. La pedí varias veces.
-¡¡Paquiiiiii!! (¡DIOS, OTRA PAQUI NOO!) Que mira que este chico no tiene tarjeta y viene de Sevilla. ¿Le pongo desplazao?
-(Paqui le dice “Naaah, dale un alta nueva y yastá”) Vale, pues necesito que vaya usted a la tesorería de la Seguridad Social para que le den la hoja del número de afiliación y blablablablablablabla. Tenga, esta es la dirección.
-Casualmente tengo aquí mi número de afiliac…
-Nononoonoonononooooooooooo, NO. Tiene que ir a por el impreso oficial que le…
-YA-TENGO-AQUÍ-LA-TARJETA-QUE-VIENE-CON-EL-IMPRESO-OFICIAL-SEÑORA.
-¡¡PAAAAQUIIIII!! ¡Que mira, que tiene esto! Esto vale ¿no?
-(Paqui asiente con la cabeza desde el fondo de la estancia).

Después de los 25 minutos que la buena señora se ha tirado rellenando mis datos en el ordenador, se pone blanca y dice “¡Huy, ¿qué he hecho?!”. Se levanta y se mete en un recoveco desde donde no la veía nadie. Se empieza a escuchar conversaciones de tipo “Creo que lo he borrao tó y no quiero empezar otra vez… ¿estará en el apartado de solicitudes? Es que hago la consulta y no sale… Nono, hasta pasadas 24 horas no sale… Pero es que no sale… QUE YA, que tienen que pasar 24 horas…”. Yo miro hacia atrás, a la cola que tenía detrás de mi (no sean malpensados) y una chica rubia me dice:

-¡Es una gilipollas!
-¡HALA!
-No, es que me hizo lo mismo el otro dia. Si no tiene ni puta idea, que no trabaje ahí.
-Mujer, la burocracia… es lo que tiene.
-Que lleváis 30 minutos y todavía le quedan otros 30, ya verás…

Alzo la vista y veo un cartelón que lleva por título en letras grandes y suntuosas: A NADIE LE GUSTA ESPERAR. Miro a la rubia con cara de >: ) y señalo el cartel. Se parte el ojete y reaparece la señora presuntamente incompetente.

-¿Ves? Lo que yo decía. ¡Que no sale!
-¿Pero estoy?
-Estás.
-¿Entonces me das mi tarjeta y ME VOY?
-Espera, hombre.
-Si no es por mi, es que la van a matar a usted los que vienen detrás.
-Que se esperen, coño.
-Mpfvale.
-¿Quería cita para hoy?
-Pues si, pero si no se puede, para otro dia.

Irrumpe Paqui y me dice muy sonriente:

-Naaah, tranquilo, que se puede.
-¿Ou?
-Que si, ¿quieres médico por la mañana o por la tarde?
-Eeeeem… por la tarde (me gusta mucho dormir).
-¿Chico o chica?
- O_ô Me da igual.
-Pos chico.
-Pos vale.
-Pos hala, ya tienes cita pa esta tarde.

En fin… la sala de espera.

Cómo las odio.

Aquí viene a cuento el título de hoy. Trocitos de vida inventados. Cómo actúa todo el mundo en una sala de espera ¿eh? ¿Por qué demonios soy el único al que le importa tres carajos qué numero o qué hora les han dado al resto de pacientes que se encuentran en la sala? ¿Por qué cada persona que llega hace las mismas preguntas?

-¿Han empezado a llamar ya?
-¿Por qué número va?
-¿A qué hora tiene usté?

 

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Los mataba a todos.

O si no, cuando llega una señora que sube las escaleras como una campeona olímpica de la categoría de subir escaleras, si existiese, y cuando llega a la puerta del médico al que se quiere COLAR, pone cara de enferma terminal, empieza a temblarle el pulso y a decir “aay… si solo quiero que me firme estos papelees… ¿no te importaa?”. Menos mal que no me lo ha preguntado a mi, que si no… Es la típica señora que se te cuela en la pescadería, pero sin disimular. De esas que dicen “anda, niño… que tu eres mu joven y puedes esperar, yo no”, te pegan un codazo y se cuelan en tu cara.

Pasa lo mismo en el metro o en el bus. Persona que llega a sprint porque se están cerrando las puertas, y pega un salto ladeado cual Trinity en el principio de Matrix, logra entrar y también pone cara de enfermo terminal cuando se da cuenta de que no queda ningún asiento vacío. Prefiero mil veces que venga alguien a pedirme amablemente el asiento, que a ver la cara de la falsedad de ese tipo de gente. Vamos, que no me levanto porque no me sale de los cojones. Ea.

O en el curro. Tengo un compañero en especial que supera en cantidad y calidad cualquier anécdota que tengas. Por cada anécdota tuya, él tiene diez mil y todas mejores. O si no, otro compañero, que va disfrazado de matón, tiene actitud de matón, cuenta historias de matón, y luego es un cacho de pan.

Y luego estoy yo.

Según me han dicho, tengo mi coraza de apariencia tan bien puesta, que todos ustedes me ven “guay”. Que soy la leche. Que soy todo carisma. Y que por dentro estoy tan hecho mierda y tan triste que no me conozco ni yo. Da que pensar. O no. En fin…

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The Emo Wolf is EMO. Los comentarios le animarán a no cortarse las venas.

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Digno de WarDog

Julio17

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Clic para ampliar. Solo para gente que tenga un pelín más de conocimientos de informática que mi directora de departamento.

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