Hola, pequeño, rosado, rechoncho y alado hijoputilla:
Estarás cansado, ¿eh? Hoy ha debido ser un día duro, pero te mereces todo lo malo que te pase, cabroncete. Que vas disfrazado de cosita adorable, de angelote volador, pero en el fondo sabemos que eres un auténtico bastardo.
Y el hecho de que seas accionista principal de El Corte Inglés no es sino una muestra más de lo maligno que puedes llegar a ser. Tienes a tres cuartos del planeta engañados. Juegas con los sentimientos de la gente, y todo para hacer que se gasten la pasta en regalos para que te lleves una buena comisión. Que te tengo calao, jodío…
Pero no es el consumismo lo que te vengo a echar en cara hoy, nah… total, esto ya es como el movimiento anti-navidad, que ya somos tantos los que la odiamos que ya ha dejado de ser un tema original. No, voy a intentar ir más allá, porque esto es algo ya personal. Uno de los dos sobra en este mundo, o tu o yo.
Para empezar voy a hablarte de la bilateralidad. O la reciprocidad, si se te hace muy complicado leer el palabro. Que sí, que muy bonito eso de ir por ahí revoloteando en pelotas disparando flechas para que la gente se enamore, pero si te das cuenta, mamón, o tienes la puntería en el ojo del culo, o eres tan rata que solo te da para una flecha por pareja. Porque vamos… me vas a decir tu a mí que es normal que alguien esté enamorado hasta las trancas de alguien que no lo está… o aún peor, de alguien que está hasta las trancas, pero de otra persona… es una putada, así que quizá deberías dejarte de tanto rosa y cambiarte al negro, porque eres peor que la puta muerte, jodido enano coñón.
¿A qué demonios vienes a decirme que hoy, catorce de febrero, es el día de los enamorados? Aparte de la citada participación en las acciones de El Corte Inglés, claro… Entérate, maldita plasta orgánica rosa con plumas, que para un enamorado, todos los días son el día de los enamorados. Que los que somos del tipo romántico (bonito eufemismo para venir a decir más o menos “pringao“) nos pasamos la vida sufriendo por nuestros amores, tanto que ya llega un momento que la sola idea del “amor” ya tiene un saborcillo como metálico… igual que cuando te lames una herida, no sé si me entiendes. (¿Qué? ¿Por qué me miráis así? ¿Nunca os habéis lamido una herida? Deberíais probar.)
Cierto es que cuando estás en este estado alterado que llamamos “enamoramiento”, física y anímicamente te sientes diferente. Pero no es nada de tu magia, pedazo de farsante… es pura química, y es nuestro cuerpo que segrega unas sustancias químicas que nos confunden aún más si cabe. Así que no vengas tocando los cojones cada catorce de febrero, llenándolo todo de corazoncitos rosas, porque no me hace falta verte la cara por todas partes para acordarme de la persona a la que más quiero.
Porque me acuerdo a diario, a todas horas. Minicabrón. Cabrón. ¡Cabronazoooooooooooo!
En cada momento del día, en cada pensamiento, en cada recuerdo y en cada canción que suena (y no sé si sabes lo CRUEL que puede llegar a ser el shuffle de un iPod o del propio WinAMP), en cada peli que veo porque no está a mi lado, en cada partida que me echo, porque no está junto a mí para reírnos de todo. En fin, en todo. Cómo te lo curras ¬¬ En esas noches infinitas e interminables, en esos abrazos que uno le da a la almohada como si fuera la persona amada. En esos momentos de desesperación en los que uno se despierta y toca el hueco en el que el otro debería haber estado mientras pone cara de
, vuelve a abrazar a la almohada e intenta volverse a dormir hasta que suena el pitido infernal del despertador. Y tu mientras, por ahí revoloteando y descojonándote, seguro.
Te pongo un ejemplo, ¿vale? Imagínate que voy p’al pueblo a visitar a mi querida madre. Y me dice que le grabe un CD con la música que se bajó el otro día, blablabla. Me pongo a escuchar algunas, que son de cuando ella disfrutaba de su adolescencia, y TODAS, absolutamente TODAS me rebotan en la cabeza y me recuerdan mi situación. ¿No te parece CRUEL que me afecten canciones de Julio Iglesias? ¿De Nino Bravo? ¿¡De Camilo Sesto!? ¿¿¡¡¡DE MOCEDADES!!!??
Te quieeeeeeeeeroooooooo 
no preguntes por qué, ni por qué noooooo 
no estoy hablando yoooooooo 
Te quieeeeeeeeeeerooooooooooooooooo 
porque quiere quererte el corazóóóóóóóón 
no encuentro otra razóóóóóóón 

En fin… Por un lado, tengo la suerte de tener el pensamiento ocupado 24/7 en una de las mejores personas que he conocido jamás. Por otro lado es una putada no poder estar juntos. Y más cuando lleva AÑOS ya sin poder salir del infierno que, por circunstancias, se va creando a su alrededor. Y estando así el tema, entiendo que en lo último que necesite pensar sea en este pringao que haría cualquier cosa que pidiera. Y no es que no tenga a nadie a quien acudir. Tiene a poca gente, la verdad (menos de la que se merece ¬¬), pero bastante importante. Tu que estás por ahí arriba, en algún rato libre que te sobre de joderle la vida a los seres de este mundo, ¿podrías pedirle a alguien que sea mejor persona que tu que le echara un cable? ¡Que falta le hace! Al menos para limpiar tu conciencia durante un rato. Que hay un desequilibrio en la fuerza bastante importante ya…
La cosa es que… por una vez (y no sé si agradecértelo o darte una patada voladora en el paladar) me siento correspondido. En un grado micromínimo, eso sí, pero ya es de agradecer estando las cosas como están. Y yo solo quiero que salga de ese infierno, y que sea feliz. Y ya, si puede ser feliz conmigo, ya sería la rehostia. Te podrías tirar el rollo por una vez y ayudar, en vez de putear ¿no?
Y es que me niego a seguir mi propio primer postulado de sobredósis de realidad. Y no es que me niegue porque soy cabezón (que también), es que cuanto más intento olvidar (y mira que lo he intentado), más hondo se me clava la puta flecha que un día te dio por dispararme, capullo. El día que te agarre, vas a saber cómo se siente una margarita (otra tortura inhumana por culpa tuya), porque te voy a ir arrancando las alas, una a una, con eso de “me quiere, no me quiere”. Y cuando se me acaben las plumas, ya veré con lo que sigo, que algo más tedrás que se te pueda arrancar.
Tengo la suerte de que me gusta la buena gente. También me gusta la gente guapa. También la que me hace reír. También la que me pone muchísimo. También la gente con la que puedo hablar de cualquier cosa. También la gente que me saca el lado artístico-creativo. También la gente que tiene un cuerpazo de infarto. También la gente friki. También la que despierta en mí esos sentimientos que harían morir a los osos amorosos de una sobredósis de pastel. Y tu vas y me pegas el flechazo justo cuando pasa por delante alguien que reúne TODAS esas características y algunas más. Me cago en tu sangre, miniestátua de Botero emplumada.
En fin, creo que se me ha entendido el punto. Que no eres un ángel, que eres un tábano. Un avispón con mala hostia. La polilla gigante del Resident Evil 2. Que el catorce de febrero del año que viene te voy a estar esperando con un matamoscas gigante y voy a ser cruel, muy cruel contigo.
A no ser, claro, que hagas algo para que cambie de opinión.
Que ya es hora.

Hala, que te den por culo. ¿A que jode?
En fin, señoras con señores. Ya me he desahogado un poco. Por lo demás, perdonad estos días que me estáis viendo tan “ausente”. Estoy bien, el curro sigue de escándalo y cada día me río más. Pero ya véis… incoformista que es uno, y a pesar de esa felicidad de vida nueva que llevo, me falta lo que me falta.
Enhorabuena a todos los que sí tenéis a la persona amada al alacance de vuestras zarpas. Cuidadlas, que nada es para siempre y todo se desgasta con tiempo, pero mientras dure, que sea irrepetible.
Y a tí… mi persona amada… qué decirte que no te haya dicho ya… que te quiero, que me tienes loco, que quiero que todo mejore, y que haría cualquier cosa que me pidieras. Que me encanta escuchar tu voz, estar horas mirándote mientras duermes, abrazarte, reírme contigo, compartir cualquier cosa, y sobre todo, y ante todo… verte feliz.
Que yo seguiré esperando a que llegue el día en que me digas esas palabras que tanto ansío escuchar.

“Me… has… vencido”
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