Y es que, aunque sea pronto para decirlo, y dejando el corazón enterrado, las cosas van a mejorar.
A grandes rasgos, me encuentro inmerso en una crisis laboral aguda, un problema grave de convivencia y en un archivo de morosidad bancaria que me impediría… ya sabéis… cualquier cosa que necesite acudir a los bancos.
Empezando por el último punto, hace un tiempo que una amiga (en Sevilla) se vio obligada a recurrir a mí porque por motivos mayormente ajenos a su voluntad, se vio sin dinero, sin casa, sin coche y sin medios para trabajar. No me pidió dinero directamente, pero compramos un coche a mi nombre. Un coche de segunda mano, pero de casi 10.000 euros.
El plan inicial era comprarlo y ella lo iría pagando mes a mes hasta que a su hija le concedieran una hipoteca para comprar un piso, y ahí incluirían los 10.000 del coche para anular la financiación. Nuevamente, los planes salieron mal y todo aquello se fue al carajo. Así que ellos a Barcelona, yo a Madrid, y el asunto del coche en suspenso.
Durante cosa de un año, ella ha ido pagando la mensualidad del coche. Excepto los últimos meses, que por motivos que desconozco y prefiero seguir desconociendo, recibía llamadas diarias de la financiera diciendo que los recibos no se pagaban. Eso, y un par de multas al mes. Todo a mi nombre, claro. Y ya puedes ser amigo, familia, amante o hermano siamés. Sabéis que en cuestiones de pasta, es muy fácil perder la confianza.
Tras muchas peleas, excusas, lamentos, llamadas, faxes, ingresos, transferencias y sobre todo disgustos, puedo decir que el asunto está parcialmente arreglado. La financiación se ha cancelado porque ella ha pagado los más de 8.000 euros que faltaban. Ahora debemos dejar pasar unos días para poder cambiar el coche a su nombre, pagar las multas y olvidarme del todo del tema.
Eso sí: podéis ahorraros el llamarme gilipollas, decirme que soy tonto, o que es de imbéciles hacer eso que he hecho. Ya lo sé, pero realmente no hubiera dormido a gusto si no lo hubiera hecho en su día. Cierto que me ha quitado el sueño (y mucho) después, pero ya sabéis de lo que hablo. Whatever.

Mi problema grave de convivencia, básicamente, ha sido mi compañero colombiano. Un tipo raro con una actitud asquerosa, profundamente pesetero y realmente MOLESTO. Un tipo que lleva meses haciendo cosas para molestarnos tanto a mí como a mi otro compañero de piso. Un tipo con un problema REAL de síndrome de Diógenes que trafica con todo tipo de cosas que según él “le regalan” o simplemente se encuentra en la basura. Un tipo de 35 años que disfruta de la compañía de jovencitos gays carne de chat un día sí y un día no. Un tipo que está esperando a que esté con alguien en mi cuarto (haciendo cualquier cosa, mentes enfermas) para venir a molestar, por ejemplo pidiéndome películas que ya me había pedido. Un tipo que se tira el día viento tanto PORNO en su PC que me está dando el coñazo cada dos por tres porque tiene virus.
Bien, mi otro compañero se jubila (sí, tiene 65 años y es un encanto de persona) y planeaba irse a su Perú natal en un par de meses. De ahí mi reciente y desesperada misión de búsqueda de piso. Ahora, se está planteando el tema de irse, y yo le he insistido para que se quede. Y fue entonces cuando me contó la noticia.
El colombiano quiere irse. Una hermana suya vive y trabaja en Valencia. Aquí en Madrid no tiene amigos, ni pareja, ni nadie con quién compartir ni siquiera dos minutos de conversación. Así que está amargado y quiere cambiar de aire. En septiembre cogerá vacaciones y se irá a Valencia a buscar trabajo. Deseadle suerte. Toda la suerte del mundo.
Ya estaba ultimando mis planes para matarle y tirarle en una cuneta hecho daditos.

Y por último, el curro. Ya os he hablado del tema bastante, pero resumo: una gran empresa, un gran departamento informático técnico (sistemas, comunicaciones, desarrollo, soporte, CAU y voz). Una directora que -Satán se la lleve- no tiene ni puta idea. Compañeros que se van, infraestructura penosa, sueldos muy por debajo de la media del mercado, nulas contraofertas.
Hace unos meses, fue contratado un gran hombre (en todos los sentidos) como subdirector del área, que viene a ser algo así como el Señor Lobo en Pulp Fiction. Si no la habéis visto, ya tardáis. Un hombre que ha venido a arreglarnos la vida a los informáticos de la empresa. Nada más llegar, quitó el inútil trabajo de los fines de semana del CAU. En menos de un mes ya había conseguido pedir más infraestructura (servidores, almacenamiento, etc) que en todo el tiempo que llevaba yo trabajando ahí.
Y el último logro llegó el viernes pasado. Llevábamos meses exigiendo a dirección que el departamento de Sistemas hiciese guardias. Ya sabéis, estar disponibles 24/7 a semanas para cualquier emergencia que pudiera surgir. Hasta ahora, solo las hacían unos cuantos de Comunicaciones. Es el problema cuando ni siquiera tu propia directora sabe las funciones que desempeña cada uno.
En un primer momento de aceptación de guardias para Sistemas, la buena señora propuso dividir la cuantía. Un tocamiento de huevos más, así que dijimos que hiciera las guardias su bendita y putísima madre.
El viernes, el subdirector me notificó personalmente que había conseguido las guardias a Sistemas, sin división de cuantía, con lo cual, resumiendo, el sueldo se me viene a incrementar 800 euros al mes.
Y eso sin contar la revisión de sueldo (que es aparte) que quiere hacer en dos o tres meses (lo que os decía de equiparar con el resto del mercado), que podría significar, así a ojo, una subida de 4.000 euros o más al año. Pero bueno, no adelantemos acontecimientos.
Ah… los puntos de inflexión de la vida…

Y además, no hay quien me tumbe en el Brawl, ea.

























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