Historias

Ink

Ink

Últimamente estamos viendo “manifiestos por la libertad en internet” en multitud de sitios. Ya lo decía Coque, que Google Reader debería integrar un botón “Marcar todos los manifiestos como leídos”. Ya sabéis: poner puertas al campo, acabar con la piratería, cerrar webs con solo sospechar, blablabla… lo típico. Vamos, lo mismo que decíamos cuando salió la LSSI hace unos años, y aquí seguimos como si nada. Bajando pelis, series, programas, juegos, fotos y todo tipo de aberraciones protegidas por copyright.

Algunos veréis esta entrada también en Facebook. No es afán de notoriedad, es que no quiero que mis amiguetes del caralibro conozcan el blog. Tampoco es que me importe, pero siempre ha sido algo demasiado “privado” como para poner carteles por la calle con la dirección donde la gente puede conocer mi vida. Los que me gusta que la sepan, ya se pasan por aquí. :)

Hoy he visto una peli. Si, descargada de internet. Ilegal. Pirata. Ramoncín llorando. Fijo. Pero estoy casi seguro de que hubiera ido a verla al cine de haberla visto en cartelera. Se trata de “Ink”, y no recuerdo exactamente qué reseña leí en la web de enlaces donde hice clic para agregarla a mi cliente de bittorrent, pero lo suficiente como para que me llamara la atención. Gracias a esta película, y a una opinión que he podido leer de la misma en FilmAffinity, puedo hacer un poquito de “demagogia” (entiéndaseme, que político no soy):

l3utterfish, de Fuengirola (España) dijo lo siguiente:
Maravilla visual con una música que se apodera de ti durante toda la
película. Te engancha desde el principio...
Pero merece la pena conocer la historia de la pelicula:
Ink es una película realizada en forma independiente. Ninguno de las
grandes o medianas distribuidoras se animó a difundir la película, ya
que era "demasiado extraña" y no sabían como venderla o a qué mercado
apuntar. Así que los productores decidieron llevar la película a unos
pocos cines independientes y al poco tiempo vender el DVD y BluRay
online y tratar de salvar la inversión, esto fue a fines de Octubre.
A comienzo de noviembre alguien ripeo y subió el torrent de Ink a The
Pirate Bay, cosa que claro, no gustó nada a los creadores del film...
poco después de que fuera pirateada a traves de torrent, su
popularidad aumentó la increible cifra de 81.093% en una semana,
convirtiendose en una de las 20 películas más populares de la red.
Así que el enfado inicial de los productores se transformó
rápidamente en asombro, Ink se descarga mucho más que películas que
gastaron fortunas en campañas de marketing al lado de el "boca a
boca" en el que se basó la publicidad de Ink.
Los Productores, ven a la comunidad pirata como la única razón por
la que su película llegó a Netflix, Blockbuster y Amazon y sienten
que el verdadero enemigo de los artistas no somos nosotros, sino los
"guardianes de la industria".

Admito que viendo la peli, en mi tele de 32″ desde mi Asus O!Play en V.O.S., y con grata compañía, los primeros minutos he pensado que era otro truño infumable más de los que últimamente estoy viendo en cantidad (y no por afición, sino porque están sacando cada truño…). Los comentarios han sido “Joder, debería llamarse ‘porro’ en vez de ‘Ink’”. Pero hay que rendirse a la evidencia, y al final la película es un peliculón que ha merecido mucho la pena descargar, dar dos viajes con el disco duro desde el ordenador al O!Play (se me olvidó extraer el RAR de los subtítulos) y ver.

Ink

Os la recomiendo. En un solo fin de semana, 400.000 personas se descargaron “Ink”. Miles de moscas no pueden estar equivocadas, ¿no? ;)

Bosque

El bosque de las almas perdidas

Bosque

Se volvieron a encontrar por sorpresa, paseando por el bosque que él atravesaba a diario. Fue un reencuentro muy grato.

Pasearon juntos, sin separarse ni un milímetro. Ella le habló del pasado, de cómo se sintió durante todos estos años mientras él se limitaba a escuchar y a asentir. De vez en cuando cerraba los ojos y se metía en su piel. Podía sentir todo por lo que ella había pasado.

Se sentaron en una pequeña cueva que encontraron. Sin decirse nada, recordaron todos los ratos que pasaron juntos años atrás. Cuando fueron compañeros de viaje, de cama, de fiestas y de todo tipo de vivencias. Ella sonreía perdiendo la mirada hacia arriba; él estaba un poco más serio. Le hubiera gustado poder hacer algo por ella si hubiese sabido que lo había pasado tan mal, que se había sentido tan sola. Aunque él también se había sentido solo y tampoco recibió ningún milagro.

Dos ancianos pasaron por delante de la pequeña cueva, cogidos de la mano. Se quedaron mirando, tratando de acostumbrar su vista a la oscuridad de dentro al intuír que había alguien. Al verlos, sonrieron y siguieron su camino. Se detuvieron a mirar unas flores mientras desde dentro, eran seguidos con la mirada. Dentro, también sonrieron un poco, pensando en ese futuro que tenían delante, pero que no iba a suceder. Al menos, no con ellos. Al menos, no entre ellos.

Ella se preguntaba cómo iba a tener valor de decirle adiós otra vez. Él se preguntaba cuándo se lo iba a decir. Si esperaría mucho más. Ella se levantó y pintó el interior de la cueva de un color más triste, si cabe, que el gris de las piedras que la formaban. Él observaba su obra. El preludio de la nueva despedida.

Nunca hubo tantos secretos en un espacio tan reducido. Parecía que se conocían desde hacía mil años, pero apenas sabían nada el uno del otro. Tanto miedo, tanto pánico a contarse cosas el uno al otro que serían comprendidas y aceptadas al instante y sin nigún tipo de problema por su parte. Pero no lo hicieron.

Ella terminó de pintar el interior de la cueva de ese color triste. Mientras lo hacía, cantaba. Fuerte. Una canción que desgarró a la vez el cielo y el corazón de él. Sólo pudo echarse mano al pecho para tratar de paliar el dolor que le salía de dentro mientras en su cara se dibujaba una mueca de sufrimiento. El cielo por su parte, reaccionó poniendo una nube negra delante del sol.

Sin quitarse la mano del pecho, extendió el otro brazo para alcanzarla a ella y abrió la boca para gritar, pero no pudo. Cada vez se oscurecía mas, y cada vez se oía menos su canción. Ella giró lentamente con los brazos en alto, le miró y le sonrió. Mientras se iba fundiendo con la oscuridad. Fue su despedida.

Él cayó sobre sus rodillas sin poder dejar de sujetarse el pecho. Lloró. Lloró tanto que casi se ahoga. No se veía nada. Y ni siquiera llegó ese temido adiós. Si sólo hubiera dicho adiós…