Nunca una señal de tráfico tuvo tanta razón como la que os expongo a continuación:

Peligro, ciervos.

Llevo ya unos días viajando por las carreteras d’españa, cual camionero atareado, y he tenido oportunidad de observar a esta especie tan extendida: los CIERVOS AL VOLANTE. (Nota: no es lo mismo un ciervo al volante que un ciervo volante).

Nos quejamos mucho de que en este país nos ponen muchas multas, de que las normativas de tráfico son muy estrictas, y de que la Guardia Civil de Tráfico es una hija de mil putas vestida de verde. Y en algunas ocasiones es cierto, pero en las demás… ay… En las demás ocasiones tenemos poco menos que lo que nos merecemos.

Voy a intentar enumerar y describir todos y cada uno de los ciervos que me he encontrado por estas carreteras de diox. Empecemos:

Ciervo número uno: Es el típico niñato con coche pseudotuneao o tuneao del todo que disfruta conduciendo como si estuviese haciendo esquí alpino. Va esquivando coches a toda leche en un slalom que rara vez los lleva hasta la muerte que les deseas justo cuando te sobrepasan de mala manera. Cuando eso ocurre, normalmente no los pierdes de vista esperando que tus súplicas sean escuchadas y se estrellen estrepitosamente más adelante, para poder luego pasar despacito y gritarles HAHA! mientras les señalas con el dedo.

Ciervo número dos: Son personas que por X motivo, no han sido capaces de sacarse el carnet de conducir, y que se han aprovechado del alarde de magnanimidad que alguien decidió tener en su día al diseñar una caja de muertos con ruedas para la que no se necesita carnet. No van a más de 40 por hora, incluso por autopista, y siempre te los encuentras en un cambio de rasante o en una curva cerrada. Y ojo, que no hablo de coches de minusválido.

Ciervo número tres: El viejales con todo-terreno de gama alta-altísima. Te los puedes encontrar de dos tipos: los que van a 250 por hora, o los que van a 10. Eso sí, maniobran como si les diera igual morir, y lo que es peor, como si les diera igual que murieses.

Ciervo número cuatro: El del carril izquierdo. Este tipo de ciervo va SIEMPRE por el carril izquierdo de la carretera. Aunque no haya nadie más a la derecha, va siempre por la izquierda. Y siempre, SIEMPRE aparecen cuando vas tranquilamente por tu carril derecho y vas a adelantar a un camión o a algún coche que va lentillo. Entonces tienes que pisar el freno para no comerte al que vas a adelantar, y dejar que pase él para poder retomar tu adelantamiento. También te quedas mirando a ver si revienta, pero tampoco suele ocurrir.

Ciervo número cinco: El guarro. Normalmente es un coche lleno de ciervos guarros. Se han dado casos de apariciones de pañales llenos de mierda, cajetillas de tabaco y bolsas del carrefour llenas de basura que dejan caer suavemente por la ventanilla del coche como para que nadie se dé cuenta de que la han tirado ellos. Es para parar, coger el pañal, adelantarles, cerrarles el paso y hacerles comer un poquito de SHIT.

Ciervo número seis: El estorbo. Es el típico ciervo que va despacito pero que no soporta ser adelantado. Pongamos que vamos a 120 por una autopista y nos encontramos con un especímen de éstos que va a 90. Cambias de carril para adelantarle, pero cuando estás a su altura, te mira con cara de Stoickov con resaca y pisa el acelerador para que no le adelantes. La idea en ese momento es pegar un volantazo y sacarle de la carretera, pero está feo.

Ciervo número siete: El estorbo II. Es como el seis, pero al revés: te adelanta y frena. Le adelantas. Te vuelve a adelantar y frena. Le das las luces, le adelantas, te vuelve a adelantar y frena. Sacas el lanzamisiles del asiento de atrás, y él se mete por la primera salida que encuentra.

Ciervo número ocho: El huele-culos. Éste ha sido incluso protagonista de una campaña de la DGT hace poco. Es el típico que pone su morro en tu culo (estamos hablando de coches, pervertidos) y se queda ahí, a escasos centímetros, como intentando acojonarte para sentirse de alguna manera superior. Y por último, si para adelantarte te puede rozar un milímetro de tu parachoques trasero, su felicidad ya es completa. Normalmente esta especie es de la que más dedos sexuales ve al cabo de sus trayectos.

Ciervo número nueve: El cegato. En carreteras de doble sentido, siempre hay un ciervo que va con las luces largas permanentemente. Luego hay otra subespecie que además lleva los antinieblas aún en una noche despejada de luna llena. Normalmente no se tiene tiempo tampoco para sacar el lanzamisiles contra éstos.

Ciervo número diez: El humeante. Este ciervo lleva un coche del período cretácico que produce más humo que una máquina de humo de una discoteca pastillera. Además, van muy despacio y apestan. Son un peligro que hay que esquivar a toda costa.

Ciervo número once: El harém. Normalmente es un ciervo jóven que lleva el coche lleno de cervatillas que se van riendo y van haciendo gestos obscenos por las ventanillas a los demás conductores. Si tienes napalm a mano, úsalo.

Ciervo número doce: Sobre todo en calles urbanas, el típico que está perdido y va pegando frenazos, acelerones, intermitente a la derecha… va a girar, pero rectifica en el último momento… vuelve a frenar… acelera… para… mira… acelera… gira… ¡NO! rectifica.. ¬¬

Ciervo número trece: El que lleva GPS con avisadores de radares, va siempre follao y pega el frenazo cuando está a 100m de un radar. Un peligro que hay que erradicar.

En fin, puede que me deje alguno, pero creo que con esto ya sabéis de qué hablo y lo que quiero decir.

Y bueno, no me paga la DGT, pero no hagáis el ciervo en la carretera, respetad las normas y llegad enteritos. Que tampoco estan difícil, coño.

Dios mata un gatito
Cada vez que conduces como un ciervo…
DIOS MATA A UN GATITO

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